Café para uno
por Esteban Riquelme · 89 palabras
—¿Espera a alguien? —me preguntó la moza. —No —contesté—. Solo espero. Me trajo el café sin agregar más. Eso me gustó. En otros lugares insisten, preguntan, recomiendan. Aquí no: aquí uno puede estar solo sin que nadie lo confunda con estar triste. Aquí la soledad tiene buena prensa. Es un derecho. Es, a veces, un lujo. Volví al día siguiente. Y al siguiente. Y aunque ya empiezan a saludarme por mi nombre, sigo viniendo a estar solo. Es un acuerdo tácito. Un pacto entre la mesa, el café y yo.