El Tambo Café Bar
El Tambo en 100 Palabras

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El último café

100 palabras

Llegó al Tambo cuando ya nadie esperaba la lluvia. Pidió un café cargado y se sentó junto a la ventana, donde la madera había guardado las conversaciones de cincuenta años. Afuera, el pueblo seguía igual: lento, terco, hermoso. Adentro, el vapor de la taza dibujaba pequeñas espirales que parecían recordarle algo. No supo qué. Tomó un sorbo, cerró los ojos, y por un instante volvió a tener veinte años, una guitarra mal afinada y una novia que prometía quedarse. Cuando los abrió, la lluvia ya había llegado. Sonrió. Pagó. Salió. Dejó la propina exacta.

por Marta Quezada47

Lo que dijo el abuelo

75 palabras

Mi abuelo decía que un buen café debe servirse en silencio. Que la música arruina el primer sorbo. Que el azúcar es para los que no saben esperar. Que la espuma se mira antes de tomar. Que la taza se sostiene con dos manos cuando hace frío. Que si el café te hace pensar, sirvió. Si te hace recordar, sirvió más. Si te hace escribir, ya no es un café: es un milagro.

por Rodrigo Pérez41

Carta a una desconocida

60 palabras

Te vi tres jueves seguidos en la misma mesa, leyendo libros distintos. Quise acercarme pero no supe qué decir. El cuarto jueves no viniste. Tampoco el quinto. Si alguna vez lees esto: gracias. Me enseñaste que se puede ocupar un espacio sin pedir permiso, y que hay formas elegantes de estar sola que no tienen nada que ver con la tristeza.

por Ignacia Müller35

Rima del barista

62 palabras

En el Tambo hay un barista que dibuja sobre crema corazones de artista y resuelve cualquier pena. No hace falta confesarse ni pedir nada especial: él te mira, sabe darse cuenta del problema real. Te sirve. Te sonríe. Te deja con la taza. Y aunque el mundo te porfíe, el café siempre te abraza.

por Anónimo31

Cien palabras justas

60 palabras

Me dijeron: cien palabras, ni una más. Empecé tres veces, borré tres veces. Pensé en escribir sobre el café, sobre el local, sobre el barrio. Terminé escribiendo sobre el miedo a no llegar a cien. Llevo noventa y tres palabras y no he dicho nada importante. Voy a aprovechar las últimas siete para confesar: el verdadero arte es callarse.

por CataF30

La mesa cinco

99 palabras

La mesa cinco no es una mesa cualquiera. Está pegada a la pared del fondo, debajo del cuadro torcido que nadie endereza por superstición. Allí se sentó mi abuelo el día que pidió matrimonio a mi abuela, en 1962. Allí me senté yo a estudiar para mi último examen. Allí mi hijo dio sus primeros pasos. Cada vez que vuelvo al Tambo, busco esa mesa. A veces está ocupada y espero. Otras está libre y me siento sin pedir nada todavía, solo para tocar la madera y comprobar que sigue ahí, paciente, esperando la próxima historia.

por Joaquín Bravo28

Domingo

54 palabras

Domingo en el Tambo es una palabra distinta. Tiene textura. La gente camina más lento. Pide cosas que no pediría otro día: tortas, segundas tazas, conversaciones largas. Los diarios se demoran más en leerse. Las parejas se demoran más en irse. El mesero se demora más en cobrar. Y nadie se queja.

por Anónimo26

Glosario íntimo

58 palabras

En el Tambo aprendí palabras que el diccionario no registra: "lo de siempre" significa cariño. "Está la mesa libre" significa bienvenido. "Te invito uno" significa estoy preocupado por ti. "Otra ronda" significa no me dejes ir todavía. "Hasta mañana" significa esto que tenemos es importante. Y "gracias", dicho al pagar, significa muchas más cosas que gracias.

por Felipe Vidal24

Inventario de una tarde

75 palabras

Tres tazas. Dos libros. Un cuaderno abierto. Una manilla de plástico que alguien olvidó. Cuatro conversaciones que no entiendo bien pero que me reconfortan. Una pareja que se mira como si fuera la primera vez. Otra que se mira como si fuera la última. La luz cae oblicua, dora las maderas, hace brillar el vidrio del azucarero. Adentro, el Tambo. Afuera, el mundo. Y entre los dos, esta ventana que decide qué cosas pasan.

por La del Norte22

Receta

51 palabras

Se necesita: una tarde libre, un libro que nadie te haya recomendado, un cuaderno sin estrenar, y un café con leche del Tambo. Procedimiento: sentarse. Esperar a que la espuma baje un poco. Leer dos páginas. Escribir una. Mirar por la ventana sin pensar en nada. Repetir hasta que afuera oscurezca.

por Constanza Olave19

Reloj de café

54 palabras

Mi reloj no es de pulsera ni de pared. Es un café del Tambo. Si está apenas tibio, recién llegué. Si está a la mitad, todavía tengo tiempo. Si está frío, ya debí haberme ido. Pero esa es justamente la trampa: cuando el café se enfría, ya no me importa la hora.

por Camilo Vergara18

Café para uno

89 palabras

—¿Espera a alguien? —me preguntó la moza. —No —contesté—. Solo espero. Me trajo el café sin agregar más. Eso me gustó. En otros lugares insisten, preguntan, recomiendan. Aquí no: aquí uno puede estar solo sin que nadie lo confunda con estar triste. Aquí la soledad tiene buena prensa. Es un derecho. Es, a veces, un lujo. Volví al día siguiente. Y al siguiente. Y aunque ya empiezan a saludarme por mi nombre, sigo viniendo a estar solo. Es un acuerdo tácito. Un pacto entre la mesa, el café y yo.

por Esteban Riquelme14